Dirigirse hacia el bosque

Desde los tiempos de Kurt Cobain, o de la época de la Hart Haus, he sabido de la importancia de dirigir los pasos hacia el bosque. Los recovecos en el Xitle, la media luna, los bosques inmersos en la Sierra del Ajusco; el valle del silencio, el valle del conejo, el camino a Santiago Tiangistenco; la subida a Tlanixco, el Xinantécatl, los bosques de Valle de Bravo y Michoacán, los caminos hacia Chalma, los puertos, la Coconetla, los Dinamos; el Tepozteco.

Ahora en tiempos de Donald-Trump-para-presidente he conseguido dirigir mis pasos decididamente hacia el bosque. Esta vez no son los recovecos donde Nezahualcóyotl se inspiraría, son más bien los espacios donde los Condes de Nassau gobernaron, donde los Panzers aniquiladores de ideas de Hitler fueron detenidos por los bombardeos incesantes de la Barbarie Aliada; donde los caminos tienen avisos para tener sumo cuidado con explosivos olvidados hace más de 70 años por hombres que ahora parecen más primitivos que Neandertales -Si es que lo primitivo quitara lo sensato…

En las chatas montañas del Taunus, donde la precipitación es superior a los 80 litros por metro cuadrado al mes, con una no muy diversa pero abundante vida salvaje, he encontrado los caminos que dirigen hacia el bienestar, la paz interior y la posibilidad del amor incondicional al mundo y sus habitantes.

Agradezco a la vida por la oportunidad de vivir cerca del bosque y contribuir a la conexión entre las criaturas de la tierra.

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